sábado, 3 de octubre de 2009

El arte de no enfermarse

Si no se quiere enfermar…
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Habla de tus sentimientos
Emociones y sentimientos que se esconden y se reprimen terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerarnos, hacer confidencias, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, ¡nuestros errores!…
El diálogo, el hablar, la palabra, son poderosos remedios ¡y una excelente terapia!
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Toma decisiones
La persona indecisa permanece en la duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones.
La historia humana está hecha de decisiones.
Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros.
Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.
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Busca soluciones
Las personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren lamentarse, murmurar, ser pesimistas.
Es mejor encender un fósforo que lamentarse por la oscuridad.
Somos lo que pensamos.
El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.
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No vivas de apariencias
Quien esconde la realidad finge, está en pose, quiere dar siempre la impresión de estar bien, mostrarse perfecto, bondadoso, etc...acumula toneladas de peso.
Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas.
Son personas con mucho barniz y poca raíz.
Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor.
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Acéptate
El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos a nosotros mismos.
Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable.
Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos.
Aceptarse, aceptar ser aceptado y aceptar las críticas es sabiduría, buen sentido y terapia.
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Confía
Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas.
Sin confianza, no hay relación.
La desconfianza es falta de fe en sí mismo, en los otros y en Dios.
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No vivas siempre triste
El buen humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida.
La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive.
“El buen humor nos salva de las manos del doctor”.
La alegría es salud y terapia.